por Alejandro Mut //

El crimen al empleado de La Pasiva conmocionó a todo el país. La primer reacción del sistema político (y buena parte de la población) fue culpar a las drogas. Los colorados plantearon equiparar las penas al narcotráfico con las del homicidio. Los blancos querían sacar el ejército a la calle para erradicar las “bocas de pasta base”. Desde el oficialismo se escuhó por ahí que la culpa la tiene Jorge Batlle, porque la crisis ocurrida durante su gobierno (¡hace 10 años!) generó terreno fértil para la adicción de los más marginados.

Agarraron a los pibes. Confesaron. No querían pasta base. No la consumían. Lo que querían plata para comprarse “unas bases”, o sea, calzado deportivo (championes, zapatillas, tenis o como les quieran llamar). Mataron al tipo y se fueron de shopping.

Obviamente, hubo que buscar un nuevo culpable: el capitalismo, el consumismo, los medios de comunicación, la sociedad, todos nosotros, vos y yo. Seguramente el propio finado, dentro de esa lógica, también fue responsable.

Pero resulta que los asesinos tenían antecedentes. Habían rapiñado, pero el juez los largó.

El estado, cuya única razón justificable de existencia es la de proteger la vida, libertad y propiedad de las personas y castigar a quienes no las respetan, fue omiso. No fue capaz de cumplir su función más elemental, liberando criminales que evidentemente iban a reincidir. Y lo hicieron, esta vez con consecuencias fatales. No fue capaz el estado de disuadir actos como este porque no existe presencia policial en las calles y la que existe, da lástima.

Ese estado negligente tiene el caradurismo de culpar a las drogas, al capitalismo, a los championes y a un ex-presidente retirado de la política por este hecho lamentable. La solución que plantea: ejército en las calles, más prohibición, limitar el capitalismo, checkpoints con “cacheos” indiscriminados. En definitiva, lo de siempre: menos libertad.

Ah, pero lo curioso de todo esto es que lo único que funcionó bien acá fue, precisamente, la libertad. A los chorros los agarraron porque alguien los reconoció en el video. La libertad de prensa permitió resolver el caso. A la vez que algunos obtusos pedían prohibir la televisación de este tipo de acto porque, dicen, “incita a más violencia”, fue justamente esa transmisión la que permitió darles captura.

¿Aprenderemos algún día?