por Diego Willy //

 

Uno de los “callos mentales” más perjudiciales del progresismo, es el callo “pobrista”. Décadas y décadas de desarrollo del concepto socialista, no podrían haber pasado desapercibidas, y un fruto extremadamente natural de dicho pensamiento, tiene necesariamente que castigar o “mal ver” al individuo portador de riqueza, ya que una mentalidad que entiende la dinámica económica como explotación y “suma cero” (donde si alguien gana, alguien pierde), por motivos obvios va a ver en la riqueza, el fruto del robo o la apropiación indebida.

Es así que el rico es por naturaleza culpable, y el pobre por contraposición es inocente. La búsqueda de mayores beneficios y mayor riqueza, es asociado a una conducta cuestionable, producto de la avaricia y el desinterés por el otro. Los impuestos y la regulación estatal que afecte, controle o reparta sus riquezas, es vista por lo tanto como una intervención divina, en definitiva, la apoteosis de la justicia social.

Pero el cuestionamiento de la riqueza probablemente no sea la peor consecuencia, ya que esta castración del crecimiento es solamente la punta del iceberg. Resulta más contraproducente para una sociedad, el desarrollo de una serie de conceptos que están implícitos y son consecuencia de un pensamiento pobrista, como ser el conformismo y el resentimiento.

Una sociedad que asocia a la pobreza con la bondad, la honradez y la solidaridad, invita a sus miembros a no luchar por el crecimiento propio, y a resentir el crecimiento ajeno. En definitiva, una sociedad resentida, y una sociedad que se conforma fácilmente y no crece.

Hace mucho tiempo que le consulto a muchos progresistas sobre si vieron alguna vez un rico prendiendo fuego a sus billetes, y desarrollo en base a esto, mi visión de que una persona con mucho dinero lógicamente va a querer vivir mejor, va querer mayores niveles de confort, ergo, va a ser un consumidor de productos y servicios, esto es, una persona que otorga trabajo a muchos otros.

Todo en definitiva va a depender de si sumergimos nuestras mentes en el resentimiento y la envida, o si optamos por un enfoque racional. Aun la visión mas excéntrica de un millonario que tiene dos personas que lo abanican y otras tantas que lo acicalan, puede promover una actitud irracional, que intentara quitarle el máximo de su dinero para repartirlo entre la gente necesitada, o puede promover una actitud racional, que entiende que en definitiva esta persona no esta haciendo otra cosa que dando trabajo a muchos otros, y en definitiva, repartiendo su riqueza a quienes están dispuestos a brindar un servicio eficiente (en contraposición con el desempeño del estado en su tan particular reparto) .

Afortunadamente, no me molestan ni aun los desquicios del dinero, y si alguien se satisface dándose un baño diario en leche de cabra, no puedo mas que pensar en toda la gente que se beneficia con esta excentricidad, desde quien llena la tina de baño, pasando por el obrero que la construyo, hasta la familia que crió las cabras y las ordeño.

En mi visión, no nos hace falta líderes que reconozcan y resalten los supuestos valores morales implícitos en el pueblo pobre, sino líderes que nos empujen a ser cada vez más ricos, porque la riqueza es un generador de crecimiento, y por lo tanto, de trabajo. Hace mucho tiempo que se reconoce como una falacia que “los ricos son cada vez mas ricos y los pobres cada vez mas pobres”, todos sabemos que en los países que hay cada vez más ricos, producto del libre mercado (no del mercantilismo, ni del estatismo), los pobres, son cada vez menos pobres. Aun si la brecha entre ricos y pobres se agranda, no me importa, no soy envidioso.